Vuelta a la desidia

Sí, llevo más de tres meses sin escribir. Es una vuelta a la apatía en toda regla. Y eso es precisamente lo que he sentido durante esta última semana. Pensamientos de conspiración, pocas ganas de hacer cualquier cosa, muchas ganas de permanecer en la cama refugiada, ganas de llorar, sentimientos de rabia y de ira, pocas o nulas ganas de relacionarme con los demás, encabronamiento y enfado con los que menos se lo merecen…

Muchos de estos síntomas ya los he tenido. Me cuesta diferenciar si es normal o, por el contrario, se debe al inicio de algo más grave.

¿Qué ha cambiado? He empezado un nuevo proyecto, tal vez pierda el privilegio de trabajar dos días desde casa, he empezado a tomar la píldora anticonceptiva, ha llegado el frío, he bajado un poco la dosis de Lorazepam, ahora tomo 1/2 por la mañana y 1/2 por la tarde y hace mucho tiempo que no veo a mi hermano.

Sin duda son muchos motivos para notarme algo más irritada. Por lo que no lo veo como un motivo de alarma. Aún así, hablaré con la psiquiatra y se lo comentaré.

Ya he dejado de escribir

Vaya… Empecé a escribir y ya lo he dejado. Varios días sin añadir ninguna entrada al blog. Eso quiere decir que poco a poco dejaré de actualizar hasta no hacerlo nunca más.

Tengo un pequeño problema: no tengo hobbies. No tengo nuevas pasiones. No aprendo nada nuevo. Y lo que empiezo no lo termino.

Y así voy. Sintiéndome culpable por no llevar nada a cabo. Por no tener constancia.

¿No se supone que un pasatiempo se emplea para pasar el tiempo y divertirse? ¿porqué me empeño en convertirlo en una obligación? A lo mejor mi hobbie es buscar cosas que hacer, empezarlas y no terminarlas. Y no por ello estoy haciendo nada malo.

Somos diferentes, no tengo que porqué tener un pasatiempo constante. Y punto.

Insatisfacción crónica

Googleando el origen de insatisfacción leo: la palabra “insatisfacción” viene del latín insatisfactio y significa “acción y efecto de no hacer todo lo necesario”. Sus componentes léxicos son: el prefijo in- (no, sin), satis (bastante, suficiente), facere (hacer), más el sufijo -ción (acción y efecto).

Acción de no hacer todo lo necesario. Efecto de no hacer todo lo necesario. Es decir, nuestra acción de no hacer todo lo que está en nuestras manos tiene como consecuencia no hacer todo lo necesario.

Por lo que podríamos decir que es la pescadilla que se muerde la cola. Sé que podría hacer más, pero no lo hago. Por eso me encuentro insatisfecho. Por eso estoy encabronada conmigo misma. Porque sé que puedo hacer más pero no lo hago porque no quiero.

Y esto se prolonga en el tiempo.

Pero siempre se puede hacer más. Esto es bastante parecido a la búsqueda de la perfección. Que nunca será alcanzada. Nunca. ¿Cómo sabes que has hecho todo lo que estaba en tus manos?

Muy bien, ¿qué hacer para no tener esta sensación? Y aquí es donde entra Google de nuevo.

“Por un lado, el insatisfecho tiene un punto positivo que es el de empujarse a la acción, a asumir nuevos retos, motivarse para conseguir objetivos ambiciosos y superarse. Esta insatisfacción bien canalizada puede ser una fuente de ideas y un motor para su realización. La satisfacción personal es la base de un buen nivel de autoestima”.

Pero aquí nadie habla de cómo se hacen esas acciones. Porque no es lo mismo hacer un dibujo rápido y mal que hacer un dibujo empleando todo nuestro esmero.

Entonces, ¿Se refiere a acciones que no tienen repercusión en uno mismo y de las que no aprendemos?

Pero uno se puede sentir insatisfecho aunque haya puesto todo de su parte. De hecho, si no consigue un objetivo por factores externos, probablemente se sienta insatisfecho porque podría estar haciendo más de lo que hace para conseguir ese objetivo.

¿Alguien sabe cómo atenuar la insatisfacción crónica?

Vuelta a la rutina

Poco original el título de esta entrada. Como lo es también el contenido.

Nada, vuelta al trabajo, vuelta a Madrid, vuelta a madrugar, vuelta a terapia…

Tras 10 días de vacaciones, increíbles, por cierto, hay que cuidar la alimentación y llevar cierto control. Comienzo con mi chico una dieta alta en proteínas. A ver cómo funciona.

Por lo demás, hoy retomo la terapia. Le comentaré que sigo en falta de objetivos y nuevos retos. Que me agobio si no tengo nuevas cosas que hacer. Que tengo miedo a perder mi trabajo, que el reencuentro con viejas amigas estuvo bien. Y que a veces dudo de si la vida que llevo es la que quiero llevar.

Vivo en una constante contradicción.

Odio WhatsApp 2

“Relaciones interpersonales inestables que alternan entre la idealización y la devaluación . Esto también se conoce como escisión”

Uno de los síntomas del Trastorno Límite de la Personalidad

Hace unos días hablaba sobre un grupo de WhatsApp del que quería salir porque creía que sus componentes eran crueles y manipuladoras. De ahí que empiece escribiendo sobre este síntoma en particular del TLP. Así se ve claramente.

Hoy he quedado con dos de ellas (faltaban 3). La quedada ha sido cordial y amena, tampoco es que las venere ahora mismo. Pero no, para nada se parecían a los monstruos horribles que me había imaginado hace unos días. Simplemente mujeres. No sé de dónde narices me saco todas estas mierdas…

¿Sabéis qué? Por fin empiezo a ser feliz. A llevar una vida medianamente normal. Sí, siempre tendré mis rarezas y en algunas cosas seguiré siendo excéntrica y poco común. Pero ya no sufro en sociedad. Ya puedo mostrarme un poco más como soy. Porque me acepto a mí misma cada día un poco más.

Mi concentración está a tope. La memoria me funciona que da gusto. Me expreso con claridad. Las palabras ya no se me amontonan en la mente revueltas esperando a ser escupidas de cualquier manera. Ahora puedo mantener una conversación e incluso veo que tengo algo de carisma.

¡Aleluya! Esto ya solo puede ir a mejor.

Un sueño

Hoy he tenido un sueño erótico. Y siempre que sueño sobre temas de estos aparece mi familia entera. En este estaba hasta mi abuela.

Debía de tener unos 20 años porque vivía con mis padres y con mi hermano. Pero no me daba cuenta de dónde estaba hasta el final del sueño. Creo que esto se debe a cuando me emborrachaba tanto que perdía el conocimiento y era al día siguiente cuando empezaba a recordar qué había hecho la noche anterior.

En el sueño estaba liándome con dos hombres. Musculados. Uno de ellos, de pronto, decía que se tenía que ir. Y me quedaba sola con el otro. De pronto era un travesti. Seguíamos intimando pero yo no conseguía correrme. Entonces es cuando me daba cuenta de que estaba en la habitación de mi hermano con la puerta cerrada. Quería que se fuera para que no nos pillaran pero no era capaz de actuar para hacerlo posible.

Ya era demasiado tarde. Toda mi familia andaba despierta por la casa, veía la luz encendida a través de la ranura inferior de la puerta. Hablaban sobre mí. Mi hermano decía que estaba con una mujer con pene. Que era demasiado fuerte. Mi madre abría la puerta y nos veía. La entornaba. Yo le decía a mi acompañante que se tenía que ir. Entonces se iba a la ducha.

Mi madre venía a la habitación: “esto es demasiado. Te vienes ahora mismo con nosotros al pueblo. Vas a vivir una temporada con tu abuela”. Pam! Primer plano de mi abuela, me miraba decepcionada y con puro asco. El travesti seguía duchándose y parecía no acabar nunca.

Empezaba a hacer la maleta y comenzaba a ser consciente de lo que había pasado. Mi padre ni siquiera quería subir a casa. Se sentía avergonzado. Nos esperaba en el coche para ir al pueblo de vacaciones.

Metía ropa en la maleta, el travesti seguía duchándose, empezaba a arrepentirme de todo lo que había pasado. No sabía qué hacer ni qué decir. Lo único que pensaba era en cómo iban a ser los días con mi abuela. En que la había decepcionado.

La reunión

Como cada vez que tengo reunión con clientes, aquí estoy, mientras espero, anticipando y pensando demasiado.

Me gusta improvisar las exposiciones. No sé si es por vagueza o por que quiero darle un toque natural a la presentación.

Sea como sea. Hace un año jamás me hubiese imaginado trabajando para uno de los bancos más importantes y teniendo reuniones con un montón de gente. Yo, que estaba llorando y escondida en casa. Que sólo quería que llegaran las noches para dormir y olvidar el sufrimiento.

Ahora miro atrás y me enorgullezco de mi misma. Queda mucho trabajo por hacer. Pero puedo decir con total honestidad que estoy trabajando duro y que, poco a poco, estoy mejorando como persona.

Y, aunque a evces se me olvide, aunque haya días que parezca que no avance, sí, ahí estoy, avanzando poco a poco.

Perder la cordura

Tenía 25 años y vivía en Noruega desde hace un año. Trabajaba como cocinera en un bar-restaurante haciendo hamburguesas y sandwiches. Recuerdo que el bar estaba lleno y eran 8 horas de continuo trabajo. Sin descansar. Esfuerzo físico  más el plus de controlar las comandas. 

Acabé mal con el jefe. Nos metía mucha presión, exploté y me largué. Fue entonces cuando me fui unos días a Madrid porque se casaba una amiga. Apenas dormía por las noches, bebía mucho cuando salía pero no me sentía cansada. Sentía una energía brutal.

Durante la despedida de soltera nos fuimos a una casa rural varias chicas. No conocía a casi nadie y eran muy frecuentes las preguntas acerca de mi vida: ¿Porqué estás de cocinera después de estudiar periodismo? ¿Seguro que estás bien en Noruega con todo el frío que hace? Preguntas que por aquel entonces, al no tener claro qué hacía con mi vida, no sabía bien cómo contestar. En la despedida no dormí nada y lloré delante de mis amigas. Me encontraba bastante mal. Me quise ir antes y mi amiga, la que se casaba me acompañó a la estación de tren. 

Volví a Madrid. Estar con mis padres no mejoró la situación. Seguía sin dormir, pensaba cosas muy raras y mi energía estaba por las nubes. Fue entonces cuando me llevaron a un psiquiatra. Pensaba cosas como que era pederasta, que me observaban desde la televisión y me agobiaba ir a la boda y encontrarme con gente que no quería. Seguía sin pegar ojo por las noches y cuando parecía que sí, me despertaba de un sobresalto.

Al final no pude ir a la boda. Tuve que apagar el teléfono y descansar. Pero seguía sin poder dormir, ni siquiera con lorazepam. Mis amigas llamaban a casa de mis padres para ver cómo estaba, qué me pasaba y qué medicación tomaba. Mi madre les dijo que necesitaba descansar y que me dejaran tranquila. 

La medicación no me hacía efecto. Me habían diagnosticado depresión y ansiedad. Ya llevaba 7 días sin poder dormir nada. Mis padres decidieron llevarme a otro psiquiatra. El químico, le llamaban.

Me diagnosticó trastorno bipolar. Y me mandó muchas pastillas. Me recomendó reposo. Hizo efecto y conseguí dormir. Poco a poco fui volviendo del sueño en el que parecía que me había sumido. Pero ya nunca volvería a ser la misma. Había perdido la cordura. Me habían diagnosticado una enfermedad mental. Se acabó el alcohol. Trasnochar. Ahora debía de cuidarme. Mi madre comenzó a estar más encima mía. 

Volví a Noruega. Volví a trabajar en cocina. Hice nuevos amigos. Me alejé de mis antiguas amigas. Seguí estudiando diseño. Hablaba de vez en cuando con el psiquiatra. La medicación siempre presente. La calma duró apenas un año. El siguiente episodio lo recuerdo menos intenso pero más continuado. Una especie de depresión constante. Intermitente. Con épocas mejores y peores. Pero nunca conseguía volver a ser la de antes. 5 años así.

Hasta que toqué fondo. Esa depresión tenue se convirtió de pronto en una masa negra que no dejaba que avanzara. Me paralizó. Sonreía por fuera, por dentro lo único que quería era desaparecer. Volver a mi habitación, tumbarme en la cama y llorar. Sentía rabia, estaba furiosa. No quería hacerle daño a los que me rodeaban, pero de veras deseaba morir. Cada día que abría los ojos después de dormir sentía un vacío tremendo. Miedo. El día se me hacía eterno. No tenía ganas de comer. No pensaba con claridad. No podía prestar atención. La memoria no me funcionaba. Me costaba hablar, expresarme. No quería cuidarme ni sentirme guapa. Lo único que quería era prolongarlo a ver hasta dónde podía llegar. No actuar para acabar con la vida. Dejar que aquella masa negra lo hiciera lentamente. Pensé en la muerte muy a menudo. Y no sentía miedo. Al contrario, me daba completamente igual. 

Fue ahí cuando, gracias a mi familia y marido, fui a una nueva psiquiatra. Ella me hizo unas pruebas y apenas tuvo que hablar mucho conmigo para darse cuenta de que estaba completamente rota. 

Llevo un año y medio trabajando con ella. Y estoy muchísimo mejor. Es complicado decir que vuelvo a ser la de antes, porque eso nunca va a pasar. Pero puedo decir con total claridad que tengo ganas de vivir. Que disfruto de la vida. Y que ya no sufro constantemente.  

El lobo blanco

Un tótem es un objeto natural o un animal que en las mitologías de algunas culturas o sociedades se toma como símbolo icónico de la tribu o del individuo. El tótem puede incluir una diversidad de atributos y significados para el grupo vinculado“.

Ayer fue un día tranquilo. Sin demasiados sobresaltos en el ánimo. Con trabajo que hacer y con inesperada tranquilidad de pensamientos. Algo bastante inusual. He de decir en mi contra que me tomé 2 orfidales a las 7 de la tarde simplemente por la alegría de encontrarme drogada. Tal vez eso tenga algo que ver con mi estado de tranquilidad.

En fin. Por la tarde, después de hacer algunos ejercicios de brazos y piernas (y sin meterme el chute todavía) decidí “invocar” a mi animal de poder. La última vez que lo hice fue hace 6 meses cuando empezaba la primavera y mi ánimo era una puta montaña rusa. Por aquel entonces me salió la serpiente.

¿Que qué hice para conocer mi animal de poder? Me tumbé en el suelo, encima de una esterilla, sin ruidos, sola en la habitación y me puse este vídeo:

Ivan Donalson – Meditación-Mentalismo-Conocimiento

Cerré los ojos y me dejé llevar. No sé a partir de cuándo empecé a notar un dolor intenso en el brazo derecho y más tarde en el brazo izquierdo. Como si me hubiesen mordido al querer jugar conmigo. Fue entonces cuando apareció un magnífico lobo blanco. Resplandeciente. Que me hacía caso cuando le decía que me dolía y que parase de morderme. Entonces dejaba de sentir esas intensas molestias en los brazos. Luego aparecían en las piernas. Mientras en mi mente jugaba con él. Corríamos por el bosque. Saltábamos y me enseñaba a aullar. Era tremendamente grande y bello. Casi parecía envuelto por un halo.

En mi mente danzaba con él. Y físicamente sentía toques de brisas por diferentes partes de mi cuerpo, como si se tratara de una presencia real. Ayer vino un lobo blanco gigante a visitarme y tal vez se quede conmigo una temporada.

Pero, ¿Qué me quería decir? ¿Podría estar alertándome de que esté dejando de lado mi libertad? ¿Tal vez me esté recordando que formo parte de una comunidad y me estoy dejando ir hacia la soledad? ¿Quiere que me adentre más en el ámbito espiritual porque considera que estoy preparada?

Odio WhatsApp

El calor infernal ha dado tregua en Madrid. Son las 7:35 de la mañana y entra un fresquito por la ventana muy agradable. Esto me hace pensar en el diario que mantengo desde hace 1 año y medio donde pongo las cosas por las que me siento agradecida cada día. Esta sería una de ellas.

Pero hablemos de descargas. Al fin y al cabo para eso escribo aquí. Para soltar la basura que llevo dentro con el fin de no pasársela a ninguna otra persona. Ayer conocí el término Heautontimorumenos. Se trata de aquel que se atormenta a sí mismo. O es verdugo de sí mismo.

Desde hace mucho tiempo cogí el mal vicio de pensar las cosas más de una vez y algunas veces insultarme sin motivos. Pero esto no es nuevo y no soy la única a la que le pasa, ¿Verdad?

Hoy os vengo a hablar de los grupos de WhatsApp. Esos en los que estás metida y desearías incendiar. Se trata de un grupo de amigas que hacíamos un deporte en común desde los 10 años. A los 18 cada una tomó su camino. Y a los 24 ya nos habíamos distanciado bastante.

Entonces, en pleno distanciamiento, se creó el grupo para acercar lo que ya se había alejado. Y así forzar las cosas. Sucedieron algunas quedadas más. Pero ese vínculo no volvía a ser como el de antaño. Ahora quiero salir de ese grupo porque no me hace sentir bien. Creo que hay algunas componentes que son manipuladoras y crueles. Y no solo eso, si no que hablan entre ellas sobre otras para reírse o simplemente mantenerse entretenidas.

Quiero salir del grupo pero no sé cómo. Quiero dejar de verlas pero no sé cómo. Ya no son mis amigas. Y me importa una mierda quedar una vez cada dos años. No me aporta nada bueno. Al contrario. ¿A alguien le pasa algo parecido? ¿Creéis que soy cruel por pensar así?

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